Hoy, 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, desde el Partido
Popular queremos recordar el esfuerzo de todas las personas que han
trabajado y siguen haciéndolo por construir un mundo más justo e igualitario. Al
mismo tiempo manifestamos que, a pesar de todos los pasos dados en el
camino hacia la igualdad, sobre todo en materia normativa, siguen existiendo
desigualdades y discriminaciones que no tienen cabida en una sociedad
democrática. Son inaceptables las brechas ocupacionales o salariales, los
estereotipos de género, la falta de corresponsabilidad en materia de cuidados
o la lacra de la violencia de género que aún nos afecta gravemente. Razones
para seguir reivindicando.

Para seguir trabajando y construir una sociedad verdaderamente igualitaria, en
la que mujeres y hombres puedan aspirar a ver realizadas sus legítimas
aspiraciones sin atisbo de discriminación, en la que sean libres y tomen sus
propias decisiones, es necesaria la búsqueda de consensos en el conjunto de
la sociedad, dejando a un lado las discrepancias partidistas. Un gobierno del
Partido Popular fue capaz de conseguir un acuerdo así en el Pacto de Estado
contra la Violencia de Género suscrito en el Congreso y en el Senado en 2017,
un hito en la historia de las políticas de igualdad en nuestro país. Hoy nos
encontramos en una situación absolutamente diferente en la que el
desencuentro, la radicalidad y las divergencias ideológicas amenazan los
logros obtenidos en el pasado y deterioran el acuerdo prácticamente unánime
que existía en relación con la necesidad de avanzar de manera decidida en la
desaparición de las desigualdades.

En el Partido Popular creemos en el empleo como la mejor herramienta contra
la desigualdad y la discriminación, la manera más eficaz de trabajar por la
igualdad de oportunidades para ser mujeres libres. Por ello nuestras políticas
han ido siempre destinadas a incentivar la creación y el mantenimiento del
empleo de las mujeres. Durante el gobierno del PP se alcanzó la cifra récord
de 8,5 millones de mujeres afiliadas a la Seguridad Social, se redujo la brecha
salarial en cinco puntos y se mejoraron las pensiones, muy especialmente las
de las madres que, por haber dedicado parte de su vida al cuidado de hijos e
hijas, habían tenido que interrumpir su vida laboral. Los índices de igualdad
internacionales colocaban a España como quinto país del mundo en cuanto al
bienestar de las mujeres, pero queríamos más. Hoy, sin embargo, España ha
retrocedido en esos mismos índices, alertando de la necesidad de tomar
medidas para recuperar ese espacio perdido.

Existe aún una gran distancia que recorrer para hacer de la igualdad real una
igualdad efectiva, y por ello debemos:
• Fomentar el acceso y la permanencia en el empleo de calidad a las mujeres,
sobrerrepresentadas en el empleo temporal, con salarios más bajos y con
mayores dificultades para alcanzar puestos de responsabilidad. Trabajar muy
especialmente para la inserción laboral de las mujeres más jóvenes, o de
aquellas que han abandonado la actividad laboral por causas relacionadas con
la maternidad o el cuidado en el ámbito familiar.
• Avanzar en la corresponsabilidad de los cuidados en el seno de las familias,
promoviendo repartos equilibrados entre mujeres y hombres, y poniendo en
marcha medidas que favorezcan la conciliación de la vida personal, familiar y
laboral de todas las mujeres.
• Reforzar la formación y la educación y combatir los estereotipos que
afrontan las niñas desde temprana edad y que influyen en la elección de su
ámbito de estudio.
• Cumplir íntegramente el Pacto de Estado contra la Violencia de Género para
poner fin al gravísimo problema de la violencia que sufren las mujeres por el
mero hecho de serlo.
A lo largo de estos 44 años de democracia, los españoles hemos construido
una sociedad moderna y desarrollada. Lo hemos conseguido de una manera
admirable, pero sólo podremos dar por cumplido el objetivo cuando hayamos
logrado una igualdad plena y efectiva entre mujeres y hombres. Mientras tanto,
no podremos considerar a nuestra sociedad como plenamente democrática, y
por ello este 8 de marzo, una vez más, reafirmamos nuestro compromiso con
las justas reivindicaciones de todas las mujeres y manifestamos nuestra
voluntad de trabajar, sin exclusiones, con decisión para que se conviertan en
realidades. En esta tarea no sobra nadie.